Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 14 de mayo de 2026

Día de la Ascensión

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 71

1 En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo avergonzado jamás.
2 Socórreme y líbrame en tu justicia; inclina a mí tu oído y sálvame.
3 Sé para mí por peña de refugio adonde acuda yo continuamente; Tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza.
4 Dios mío, líbrame de la mano del impío, de la mano del inicuo e implacable.
5 Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud.
6 Por ti he sido sustentado desde el vientre; de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacaste; a ti será siempre mi alabanza.
7 Como prodigio he sido a muchos, y tú mi refugio fuerte.
8 Sea llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el día.
9 No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabe, no me desampares.
10 Porque mis enemigos han hablado de mí y los que acechan mi alma consultaron juntamente,
11 diciendo: Dios lo ha dejado; perseguidlo y tomadlo, porque no hay quien lo libre.
12 Oh Dios, no te alejes de mí; Dios mío, apresúrate a ayudarme.
13 Sean avergonzados, perezcan los adversarios de mi alma; sean cubiertos de vergüenza y de confusión los que buscan mi mal.
14 Mas yo siempre esperaré y te alabaré más y más.
15 Mi boca publicará tu justicia y tu salvación todo el día, aunque no sé su número.
16 Vendré a los hechos poderosos del Señor Jehová; haré memoria de tu justicia, de la tuya sola.
17 Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas.
18 Y aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, tu poderío a todos los que han de venir.
19 Y tu justicia, oh Dios, alcanza hasta lo excelso; tú que has hecho grandes cosas; oh Dios, ¿quién como tú?
20 Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra.
21 Aumentarás mi grandeza y volverás a consolarme.
22 Asimismo yo te alabaré con salterio, oh Dios mío; tu verdad cantaré a ti con el arpa, oh Santo de Israel.
23 Mis labios se regocijarán cuando te cante salmos, y mi alma, la cual redimiste.
24 También mi lengua hablará de tu justicia todo el día; por cuanto fueron avergonzados, por cuanto fueron confundidos los que procuraban mi mal.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 72

1 Oh Dios, da tus juicios al rey y tu justicia al hijo del rey.
2 Él juzgará a tu pueblo con justicia y a tus afligidos con juicio.
3 Los montes llevarán paz al pueblo, y los collados justicia.
4 Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso y quebrantará al opresor.
5 Te temerán mientras duren el sol y la luna, de generación en generación.
6 Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; como los aguaceros que riegan la tierra.
7 Florecerá en sus días justicia y abundancia de paz, hasta que no haya luna.
8 Y dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra.
9 Delante de él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo.
10 Los reyes de Tarsis y de las islas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones.
11 Y se postrarán delante de él todos los reyes; lo servirán todas las naciones.
12 Porque él librará al menesteroso que clame y al afligido que no tenga quien lo socorra.
13 Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará las almas de los pobres.
14 De engaño y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.
15 Y vivirá, y se le dará del oro de Sabá, y se orará por él continuamente; todo el día se le bendecirá.
16 Será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los montes; su fruto hará ruido como el Líbano, y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra.
17 Será su nombre para siempre, se perpetuará su nombre mientras el sol dure; y benditas serán en él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado.
18 Bendito sea Jehová Dios, el Dios de Israel, el único que hace maravillas.
19 Y bendito sea su glorioso nombre para siempre; y toda la tierra sea llena de su gloria Amén y amén.
20 Se acaban aquí las oraciones de David, hijo de Isaí.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Deuteronomio 10

1 En aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y hazte un Arca de madera;
2 y escribiré en esas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que quebraste, y las pondrás en el Arca.
3 E hice un Arca de madera de acacia, y labré dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos tablas en mi mano.
4 Y él escribió en las tablas conforme a la primera escritura, las diez palabras que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y me las dio Jehová.
5 Y me volví, y descendí del monte, y puse las tablas en el Arca que había hecho; y allí están, como Jehová me mandó.
6 (Después partieron los hijos de Israel de Beerot-bene-jaacán a Mosera; allí murió Aarón, y allí fue sepultado; y en lugar suyo tuvo el sacerdocio su hijo Eleazar.
7 De allí partieron a Gudgoda, y de Gudgoda a Jotbata, tierra de arroyos de aguas.
8 En aquel tiempo apartó Jehová a la tribu de Leví para que llevara el Arca del pacto de Jehová, para que estuviera delante de Jehová para servirlo y para bendecir en su nombre, hasta hoy.
9 Por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos; Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo).
10 Y yo estuve en el monte como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches; y Jehová me oyó también esta vez, y no quiso Jehová destruirte.
11 Y me dijo Jehová: Levántate, anda, para que marches delante del pueblo, y entren y posean la tierra que juré a sus padres que les había de dar.
12 Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma;
13 que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te mando hoy, para tu bien?
14 He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todas las cosas que hay en ella.
15 Solamente de tus padres se agradó Jehová para amarlos, y escogió a su descendencia después de ellos, a vosotros, de entre todos los pueblos, como en este día.
16 Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz.
17 Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, el Dios grande, poderoso y terrible, que no hace acepción de personas ni toma cohecho,
18 que hace justicia al huérfano y a la viuda, que ama también al extranjero dándole pan y vestido.
19 Amaréis, pues, al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
20 A Jehová tu Dios temerás, a él servirás, y a él te allegarás, y por su nombre jurarás.
21 Él es tu alabanza y él es tu Dios, que ha hecho contigo estas grandes y terribles cosas que tus ojos han visto.
22 Con setenta almas descendieron tus padres a Egipto, y ahora Jehová te ha hecho como las estrellas del cielo en multitud.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Lucas 24:44-53

44 Y él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros, que era necesario que se cumplieran todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos.
45 Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.
46 Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciera y resucitara de los muertos al tercer día;
47 y que se predicara en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.
48 Y vosotros sois testigos de estas cosas.
49 Y he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; mas vosotros quedaos en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.
50 Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo.
51 Y aconteció que, mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo.
52 Y ellos, después de haberlo adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo;
53 y estaban siempre en el Templo, alabando y bendiciendo a Dios Amén.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de San Atanasio

Todo el que quiera salvarse, es preciso ante todo que profese la fe católica;
Pues quien no la observe íntegra y sin tacha, sin duda alguna perecerá eternamente.
Y la fe católica consiste en esto: en que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad;
Sin confundir las personas ni separar la sustancia.
Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo;
Pero la divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es una sola: igual la gloria, coeterna la majestad.
Cual es el Padre, tal es el Hijo, tal es el Espíritu Santo.
Increado es el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo.
Inmenso es el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo.
Eterno es el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo.
Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno;
Como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso.
Así también el Padre es omnipotente, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo;
Y, sin embargo, no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente.
Así el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios;
Y, sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Dios.
Así el Padre es Señor, el Hijo es Señor, el Espíritu Santo es Señor;
Y, sin embargo, no son tres señores, sino un solo Señor.
Porque así como nos obliga la verdad cristiana a confesar que cada una de las personas, por sí misma, es Dios y Señor;
Así también nos prohíbe la religión católica decir que hay tres dioses o tres señores.
El Padre no ha sido hecho por nadie, ni creado, ni engendrado.
El Hijo procede solo del Padre, no fue hecho ni creado, sino engendrado.
El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado ni engendrado, sino que procede.
Hay, pues, un solo Padre, no tres Padres; un solo Hijo, no tres Hijos; un solo Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos.
Y en esta Trinidad nada es anterior o posterior, nada mayor o menor;
Sino que las tres personas son coeternas y coiguales entre sí;
De suerte que, como se ha dicho antes, en todo debemos venerar la unidad en la Trinidad y la Trinidad en la unidad.
Por tanto, quien quiera salvarse debe pensar así de la Trinidad.
Pero también es necesario para la salvación eterna creer fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo.
La fe verdadera es que creamos y confesemos que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y hombre.
Es Dios, engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre, nacido de la sustancia de la madre en el tiempo.
Dios perfecto y hombre perfecto, subsistente de alma racional y de carne humana.
Igual al Padre según la divinidad, inferior al Padre según la humanidad.
Y aunque es Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo;
Uno, no por conversión de la divinidad en carne, sino por asunción de la humanidad en Dios.
Uno absolutamente, no por confusión de sustancia, sino por unidad de persona.
Pues como el alma racional y la carne es un solo hombre, así Dios y el hombre es un solo Cristo.
Que padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos.
Subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre omnipotente;
Desde allí vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.
A su venida todos los hombres resucitarán con sus cuerpos;
Y darán cuenta de sus propias acciones.
Los que obraron bien irán a la vida eterna, los que obraron mal al fuego eterno.
Esta es la fe católica, y quien no la crea fiel y firmemente no se podrá salvar.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Concede, te suplicamos, Dios todopoderoso, que así como creemos que tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, ha ascendido a los cielos, así también nosotros en corazón y mente ascendamos allá, y moremos continuamente con él, quien vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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