Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 20 de abril de 2026

Lunes de la Segunda Semana después de Pascua

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 102

1 Jehová, oye mi oración y llegue a ti mi clamor.
2 No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia; inclina a mí tu oído; el día que te invoque, apresúrate a responderme.
3 Porque mis días se han disipado como humo y mis huesos están quemados como en una hoguera.
4 Mi corazón está herido y se ha secado como la hierba, por lo cual me olvido de comer mi pan.
5 Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado a mi carne.
6 Soy semejante al pelícano del desierto; soy como el búho de las soledades.
7 Velo y soy como el pájaro solitario sobre el tejado.
8 Cada día me afrentan mis enemigos; los que se enfurecen contra mí se han conjurado contra mí.
9 Por lo cual yo como ceniza a manera de pan y mi bebida mezclo con lloro,
10 a causa de tu enojo y de tu ira, pues me alzaste y me has arrojado.
11 Mis días son como la sombra que se va, y yo me he secado como la hierba.
12 Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre, y tu memoria de generación en generación.
13 Tú te levantarás, tendrás misericordia de Sion, porque es tiempo de tener compasión de ella, porque el plazo ha llegado.
14 Porque tus siervos aman sus piedras y del polvo de ella tienen compasión.
15 Entonces temerán las naciones el nombre de Jehová y todos los reyes de la tierra tu gloria,
16 por cuanto Jehová habrá edificado a Sion y en su gloria será visto,
17 atenderá la oración de los desvalidos y no desechará el ruego de ellos.
18 Se escribirá esto para la generación venidera, y el pueblo que será creado alabará a Jah;
19 porque miró desde lo alto de su santuario, Jehová miró desde los cielos a la tierra,
20 para oír el gemido de los presos, para soltar a los sentenciados a muerte;
21 para que anuncien en Sion el nombre de Jehová y su alabanza en Jerusalén,
22 cuando se congreguen en uno los pueblos y los reinos para servir a Jehová.
23 Él debilitó mi fuerza en el camino; acortó mis días.
24 Dije: Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días; por generación de generaciones son tus años.
25 Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos.
26 Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como un vestido se envejecerán, como una ropa los mudarás y serán mudados;
27 pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán.
28 Los hijos de tus siervos se establecerán, y su descendencia será afirmada delante de ti.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 103

1 Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi interior su santo nombre.
2 Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.
3 Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias,
4 el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de misericordia y compasión,
5 el que sacia de bien tu boca de modo que se renueve tu juventud como el águila.
6 Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia.
7 Hizo conocer sus caminos a Moisés y a los hijos de Israel sus obras.
8 Misericordioso y clemente es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia.
9 No contenderá para siempre ni para siempre guardará el enojo.
10 No ha hecho con nosotros conforme a nuestros pecados ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades.
11 Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que lo temen.
12 Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
13 Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que lo temen.
14 Porque él conoce cómo estamos formados; se acuerda de que nosotros somos polvo.
15 El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo,
16 que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conoce más.
17 Mas la misericordia de Jehová es desde el siglo y hasta el siglo sobre los que lo temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos,
18 sobre los que guardan su pacto y los que se acuerdan de sus preceptos para ponerlos por obra.
19 Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos.
20 Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, obedeciendo la voz de su palabra.
21 Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos, que hacéis su voluntad.
22 Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su señorío Bendice, alma mía, a Jehová.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

2 Samuel 12

1 Y Jehová envió a Natán a David, y al llegar a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico y el otro pobre.
2 El rico tenía numerosas ovejas y vacas,
3 pero el pobre no tenía más que una sola cordera pequeña que él había comprado y criado, la cual había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado, y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija.
4 Y vino un viajero al hombre rico, y él no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas para guisar para el caminante que le había venido, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre y la preparó para el hombre que le había venido.
5 Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el hombre que hizo esto es digno de muerte;
6 y debe pagar la cordera cuatro veces, porque hizo tal cosa y no tuvo misericordia.
7 Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y yo te libré de la mano de Saúl,
8 y te di la casa de tu señor y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, yo te habría añadido mucho más.
9 ¿Por qué tuviste en poco la palabra de Jehová haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías, el heteo, heriste a espada y a su mujer tomaste por tu mujer, y a él mataste con la espada de los hijos de Amón.
10 Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste y tomaste la mujer de Urías, el heteo, para que fuera tu mujer.
11 Así ha dicho Jehová: He aquí yo levantaré sobre ti el mal de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos y las daré a tu prójimo, el cual se acostará con tus mujeres a la luz del sol.
12 Ciertamente tú lo hiciste en secreto, mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol.
13 Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová Y Natán dijo a David: También Jehová ha perdonado tu pecado; no morirás.
14 Pero por cuanto hiciste blasfemar con este asunto a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.
15 Y Natán se fue a su casa Y Jehová hirió al niño que la mujer de Urías había dado a luz a David y enfermó gravemente.
16 Entonces rogó David a Dios por el niño; y David ayunó, y entró y pasó la noche acostado en tierra.
17 Y levantándose los ancianos de su casa fueron a él para hacerlo levantar de tierra, mas él no quiso ni comió pan con ellos.
18 Y aconteció que al séptimo día murió el niño; pero sus siervos temían hacerle saber que el niño había muerto, diciendo entre sí: He aquí, cuando el niño aún vivía, le hablábamos y no quería oír nuestra voz; ¿y cómo le diremos que el niño ha muerto? Hará un desatino.
19 Mas David, viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño había muerto, por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el niño? Y ellos respondieron: Ha muerto.
20 Entonces David se levantó de tierra, y se lavó, y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró Y después vino a su casa, y pidió que le pusieran pan, y comió.
21 Y le dijeron sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, mientras vivía, ayunabas y llorabas; y cuando el niño murió, te levantaste y comiste pan.
22 Y él respondió: Mientras el niño vivía, yo ayunaba y lloraba, pues me decía: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y el niño vivirá?
23 Pero ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré hacerlo volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.
24 Y consoló David a Betsabé, su mujer, y llegándose a ella se acostó con ella; y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Salomón; y Jehová lo amó,
25 y envió por medio de Natán, el profeta, para llamar su nombre Jededías, a causa de Jehová.
26 Y Joab peleaba contra Rabá de los hijos de Amón, y tomó la ciudad real.
27 Entonces envió Joab mensajeros a David, diciendo: Yo he peleado contra Rabá y he tomado la ciudad de las aguas.
28 Junta, pues, ahora al pueblo que queda, y acampa contra la ciudad, y tómala; no sea que tomando yo la ciudad, se llame de mi nombre.
29 Y juntando David a todo el pueblo, fue contra Rabá, y la combatió, y la tomó.
30 Y tomó la corona de su rey de sobre su cabeza, la cual pesaba un talento de oro y tenía piedras preciosas, y fue puesta sobre la cabeza de David Y sacó un botín muy grande de la ciudad.
31 Sacó además al pueblo que estaba en ella, y lo puso a trabajar con sierras, y con trillos de hierro, y con hachas de hierro; y los hizo pasar por hornos de ladrillos; e hizo lo mismo a todas las ciudades de los hijos de Amón Y volvió David con todo el pueblo a Jerusalén.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Hechos 17

1 Y pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde estaba la sinagoga de los judíos.
2 Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres sábados disputó con ellos de las Escrituras,
3 declarando y exponiendo que era necesario que el Cristo padeciera y resucitara de los muertos, y diciendo: Este Jesús, a quien yo os anuncio, es el Cristo.
4 Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y una gran multitud de griegos piadosos, y mujeres principales no pocas.
5 Entonces los judíos que eran incrédulos, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, malos hombres, y juntando una multitud, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo.
6 Mas al no hallarlos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos a los gobernadores de la ciudad, gritando: Estos que alborotan el mundo, también han venido acá,
7 a los que Jasón ha recibido; y todos estos actúan contra los decretos del César, diciendo que hay otro rey, Jesús.
8 Y alborotaron al pueblo y a los gobernadores de la ciudad que oían estas cosas.
9 Pero después de recibir fianza de Jasón y de los demás, los soltaron.
10 E inmediatamente los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas a Berea, quienes, al llegar, entraron en la sinagoga de los judíos.
11 Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.
12 Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres.
13 Mas cuando supieron los judíos de Tesalónica que también en Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron y también allí alborotaron a las multitudes.
14 Pero inmediatamente los hermanos enviaron a Pablo que fuera hacia el mar; y Silas y Timoteo se quedaron allí.
15 Y los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas; y habiendo recibido el encargo para Silas y Timoteo de que vinieran a él lo más pronto posible, partieron.
16 Y mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía dentro de él viendo la ciudad dada a la idolatría.
17 Así que disputaba en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían.
18 Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué quiere decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de dioses extraños; porque les predicaba a Jesús y la resurrección.
19 Y tomándolo, lo trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva doctrina de que hablas? ,
20 porque traes a nuestros oídos cosas extrañas Queremos, pues, saber qué quiere decir esto.
21 (Pues todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa pasaban el tiempo sino en decir o en oír alguna cosa nueva).
22 Estando, pues, Pablo en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo os veo muy religiosos;
23 porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO Aquel, pues, que vosotros honráis sin conocerlo, a este yo os anuncio.
24 El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, este, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas,
25 ni es servido por manos de hombres, como si necesitara algo, pues él da a todos vida, y aliento, y todas las cosas;
26 y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitaran sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos y los términos de la habitación de ellos,
27 para que buscaran al Señor, si en alguna manera, palpando, lo hallaran, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.
28 Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como también algunos de vuestros poetas dijeron: Porque también somos linaje suyo.
29 Siendo, pues, linaje de Dios, no hemos de estimar que la Divinidad sea semejante a oro, o a plata, o a piedra, escultura de arte e imaginación de hombres.
30 Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan;
31 por cuanto ha establecido un día en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos al haberlo levantado de los muertos.
32 Y cuando oyeron de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Te oiremos acerca de esto otra vez.
33 Y así Pablo salió de en medio de ellos.
34 Mas algunos hombres creyeron, juntándose con él; entre los cuales también estaba Dionisio el areopagita, y una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Dios todopoderoso, que has dado a tu Hijo único para ser para nosotros tanto un sacrificio por el pecado como también un ejemplo de vida piadosa: Danos gracia para que siempre recibamos con la mayor gratitud ese beneficio inestimable suyo, y también procuremos diariamente seguir los benditos pasos de su vida santísima, por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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