Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
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Oración Matutina

Fecha: 7 de junio de 2026

Primer Domingo después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 35

1 Contiende, oh Jehová, con los que contra mí contienden; combate contra los que me combaten.
2 Echa mano al escudo y al pavés, y levántate en mi ayuda.
3 Y saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; di a mi alma: Yo soy tu salvación.
4 Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi alma; sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal intentan.
5 Sean como el tamo delante del viento, y el ángel de Jehová los acose.
6 Sea su camino oscuridad y resbaladeros, y el ángel de Jehová los persiga.
7 Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; sin causa hicieron hoyo para mi alma.
8 Véngale el quebrantamiento sin que lo sepa, y su red que escondió lo prenda; con quebrantamiento caiga en ella.
9 Y se regocijará mi alma en Jehová, y se alegrará en su salvación.
10 Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú, que libras al afligido del más fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que lo despoja?
11 Se levantaron testigos falsos; me preguntaron de lo que no sabía;
12 me devolvieron mal por bien, para abatir a mi alma.
13 Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de saco; afligí con ayuno mi alma y mi oración se volvía a mi seno.
14 Como por mi compañero, como por mi hermano andaba; como el que lleva luto por su madre, enlutado me humillaba.
15 Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron; se juntaron contra mí gentes despreciables, y yo no lo entendía; me despedazaban y no cesaban;
16 con lisonjeros, escarnecedores y truhanes, crujiendo contra mí sus dientes.
17 Señor, ¿hasta cuándo verás esto? Rescata mi alma de sus quebrantamientos, mi única de los leones.
18 Te confesaré en la gran congregación; te alabaré entre numeroso pueblo.
19 No se alegren de mí los que sin causa son mis enemigos, ni los que me aborrecen sin causa guiñen el ojo,
20 porque no hablan paz, y contra los mansos de la tierra piensan palabras engañosas.
21 Y ensancharon contra mí su boca; dijeron: ¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto!
22 Tú lo has visto, oh Jehová, no calles; Señor, no te alejes de mí.
23 Levántate y despierta para mi juicio, para mi causa, Dios mío y Señor mío.
24 Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío; y no se alegren de mí.
25 No digan en su corazón: ¡Ea, alma nuestra! No digan: ¡Lo hemos devorado!
26 Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi mal se alegran; vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí.
27 Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, y digan siempre: Sea ensalzado Jehová, que ama la paz de su siervo.
28 Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 36

1 La rebelión del impío dice en el interior de mi corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos.
2 Por eso se lisonjea en sus propios ojos, para no hallar su iniquidad para aborrecerla.
3 Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; ha dejado de ser sabio, de hacer el bien.
4 Piensa iniquidad sobre su cama; está en camino no bueno, el mal no aborrece.
5 Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia; tu fidelidad, hasta las nubes.
6 Tu justicia es como los montes de Dios; tus juicios, abismo grande Oh Jehová, al hombre y al animal conservas.
7 ¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas.
8 Se saciarán de la grosura de tu casa, y tú los abrevarás del torrente de tus delicias.
9 Porque contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz.
10 Extiende tu misericordia a los que te conocen, y tu justicia a los rectos de corazón.
11 No venga pie de soberbia contra mí, y mano de impíos no me mueva.
12 Allí cayeron los hacedores de iniquidad; fueron derribados y no podrán levantarse.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Josué 10

1 Y sucedió que cuando Adonisedec, rey de Jerusalén, oyó que Josué había tomado Hai, y que la había destruido completamente (como había hecho a Jericó y a su rey, así hizo a Hai y a su rey), y que los moradores de Gabaón habían hecho la paz con los israelitas y que estaban entre ellos,
2 tuvieron gran temor, pues Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, y porque era mayor que Hai y todos sus hombres eran fuertes.
3 Y Adonisedec, rey de Jerusalén, envió a decir a Hoham, rey de Hebrón, y a Piream, rey de Jarmut, y a Jafía, rey de Laquis, y a Debir, rey de Eglón:
4 Subid a mí y ayudadme, y combatamos a Gabaón, porque ha hecho la paz con Josué y con los hijos de Israel.
5 Y los cinco reyes de los amorreos, el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jarmut, el rey de Laquis y el rey de Eglón, se juntaron y subieron, ellos con todos sus ejércitos, y acamparon cerca de Gabaón y pelearon contra ella.
6 Y los moradores de Gabaón enviaron a decir a Josué al campamento en Gilgal: No abandones a tus siervos; sube prontamente a nosotros para guardarnos y ayudarnos, porque todos los reyes de los amorreos que habitan en las montañas se han juntado contra nosotros.
7 Y subió Josué de Gilgal, él y todo el pueblo de guerra con él, y todos los hombres valientes.
8 Y Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos, porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos se mantendrá delante de ti.
9 Y Josué llegó contra ellos de repente, habiendo subido toda la noche desde Gilgal.
10 Y Jehová los turbó delante de Israel, y los hirió con gran mortandad en Gabaón, y los persiguió por el camino que sube a Bet-horón, y los hirió hasta Azeca y Maceda.
11 Y sucedió que cuando iban huyendo de los israelitas, en la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó sobre ellos desde el cielo grandes piedras hasta Azeca, y murieron; muchos más murieron por las piedras de granizo que los que mataron los hijos de Israel a espada.
12 Entonces Josué habló a Jehová, el día que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo a la vista de los israelitas: Sol, detente en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Ajalón.
13 Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos ¿No está esto escrito en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero.
14 Y no hubo un día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre, porque Jehová peleaba por Israel.
15 Y Josué, y todo Israel con él, volvió al campamento en Gilgal.
16 Pero aquellos cinco reyes huyeron y se escondieron en una cueva en Maceda.
17 Y fue dicho a Josué que los cinco reyes habían sido hallados en una cueva en Maceda.
18 Entonces Josué dijo: Rodad grandes piedras a la boca de la cueva y poned hombres junto a ella para que los guarden;
19 y vosotros no os detengáis, sino perseguid a vuestros enemigos y heridles la retaguardia, sin dejarlos entrar en sus ciudades, porque Jehová vuestro Dios los ha entregado en vuestra mano.
20 Y aconteció que cuando Josué y los hijos de Israel hubieron acabado de herirlos con mortandad muy grande hasta destruirlos, los que quedaron de ellos se metieron en las ciudades fortificadas.
21 Y todo el pueblo volvió en paz al campamento en Maceda, a Josué; no hubo quien moviera su lengua contra los hijos de Israel.
22 Entonces dijo Josué: Abrid la boca de la cueva y sacadme de ella a estos cinco reyes.
23 Y lo hicieron así y le sacaron de la cueva a aquellos cinco reyes: al rey de Jerusalén, al rey de Hebrón, al rey de Jarmut, al rey de Laquis y al rey de Eglón.
24 Y sucedió que cuando hubieron sacado estos reyes a Josué, llamó Josué a todos los varones de Israel y dijo a los principales de los hombres de guerra que habían venido con él: Acercaos y poned vuestros pies sobre los cuellos de estos reyes Y ellos se acercaron y pusieron sus pies sobre los cuellos de ellos.
25 Y Josué les dijo: No temáis ni desmayéis; esforzaos y sed valientes, porque así hará Jehová a todos vuestros enemigos contra los cuales peleáis.
26 Y después de esto Josué los hirió y los mató, y los hizo colgar en cinco árboles; y quedaron colgados en los árboles hasta la tarde.
27 Y sucedió que cuando el sol se iba a poner, mandó Josué que los quitaran de los árboles y los echaran en la cueva donde se habían escondido; y pusieron grandes piedras a la boca de la cueva que permanecen hasta hoy.
28 En aquel mismo día Josué tomó Maceda, y la hirió a filo de espada, y mató a su rey, a ellos y a todo lo que en ella tenía vida, sin dejar sobreviviente; e hizo con el rey de Maceda como había hecho con el rey de Jericó.
29 Y de Maceda pasó Josué, y todo Israel con él, a Libna, y peleó contra Libna.
30 Y Jehová la entregó también a ella y a su rey en manos de Israel, que la hirió a filo de espada, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar sobreviviente en ella; y con su rey hizo de la manera que había hecho con el rey de Jericó.
31 Y Josué, y todo Israel con él, pasó de Libna a Laquis, y acampó contra ella, y la combatió.
32 Y Jehová entregó a Laquis en mano de Israel, y la tomó al día siguiente, y la hirió a filo de espada con todo lo que en ella tenía vida, como había hecho en Libna.
33 Entonces Horam, rey de Gezer, subió en ayuda de Laquis; mas Josué lo hirió a él y a su pueblo, hasta no dejar sobreviviente de ellos.
34 De Laquis pasó Josué, y todo Israel con él, a Eglón; y acamparon contra ella, y la combatieron.
35 Y la tomaron el mismo día y la hirieron a filo de espada; y aquel día destruyó por completo a todo lo que en ella tenía vida, como había hecho en Laquis.
36 Y Josué, y todo Israel con él, subió de Eglón a Hebrón, y la combatieron.
37 Y la tomaron y la hirieron a filo de espada, a su rey y a todas sus ciudades, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar sobreviviente; como habían hecho con Eglón, así la destruyeron por completo con todo lo que en ella tenía vida.
38 Y volviéndose Josué, y todo Israel con él, sobre Debir, la combatió;
39 y la tomó, y a su rey, y a todas sus ciudades; y las hirieron a filo de espada, y destruyeron por completo todo lo que en ella tenía vida, sin dejar sobreviviente; como había hecho con Hebrón, así hizo con Debir y con su rey, y como había hecho con Libna y con su rey.
40 Hirió, pues, Josué toda la región de las montañas, y del Neguev, y de la Sefela, y de las vertientes, y a todos sus reyes, sin dejar sobreviviente; destruyó por completo todo lo que tenía vida, como Jehová, el Dios de Israel, lo había mandado.
41 Y los hirió Josué desde Cades-barnea hasta Gaza, y toda la tierra de Gosén hasta Gabaón.
42 Y a todos estos reyes y sus tierras tomó Josué de una vez, porque Jehová, el Dios de Israel, peleaba por Israel.
43 Y volvió Josué, y todo Israel con él, al campamento en Gilgal.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Marcos 8

1 En aquellos días, como había una multitud muy grande y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
2 Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer;
3 y si los enviare en ayunas a sus casas, desmayarían en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos.
4 Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a estos aquí en el desierto?
5 Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete.
6 Entonces mandó a la multitud que se recostara en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusieran delante; y los pusieron delante de la multitud.
7 Tenían también unos pocos pescadillos; y habiéndolos bendecido, mandó que también los pusieran delante.
8 Y comieron, y se saciaron; y recogieron, de los pedazos que habían sobrado, siete canastas.
9 Y los que comieron eran como cuatro mil; y los despidió.
10 Y en seguida, entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.
11 Y vinieron los fariseos y comenzaron a disputar con él, pidiéndole señal del cielo para tentarlo.
12 Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.
13 Y dejándolos, volvió a entrar en la barca y se fue al otro lado.
14 Y los discípulos se habían olvidado de tomar pan, y no tenían consigo sino un pan en la barca.
15 Y les mandó diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.
16 Y discutían los unos con los otros, diciendo: Es porque no tenemos pan.
17 Y cuando Jesús lo entendió, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿Todavía no comprendéis ni entendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?
18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no os acordáis?
19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce.
20 Y cuando partí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete.
21 Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?
22 Y vino a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que lo tocara.
23 Entonces, tomando al ciego de la mano, lo sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, y poniendo las manos sobre él le preguntó si veía algo.
24 Y él, alzando los ojos, dijo: Veo los hombres, pues veo como árboles que andan.
25 Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirara; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.
26 Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.
27 Y salió Jesús, y sus discípulos, por las aldeas de Cesarea de Filipo Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?
28 Y ellos respondieron: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros: Alguno de los profetas.
29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo.
30 Y les mandó rigurosamente que no hablaran de él a nadie.
31 Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del hombre padecer mucho, y ser reprobado por los ancianos y los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.
32 Y claramente decía esta palabra Entonces Pedro lo tomó aparte, y comenzó a reprenderlo.
33 Y él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: Quítate de delante de mí, Satanás, porque no piensas en las cosas que son de Dios, sino en las que son de los hombres.
34 Y llamando a la multitud con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
35 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, este la salvará.
36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?
37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
38 Porque el que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Dios, fortaleza de todos los que ponen su confianza en ti: Acepta misericordiosamente nuestras oraciones, y dado que por la debilidad de nuestra naturaleza mortal no podemos hacer ninguna cosa buena sin ti, concédenos la ayuda de tu gracia, para que guardando tus mandamientos te agrademos, tanto en voluntad como en obra, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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