Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
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Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 8 de junio de 2026

Lunes de la Segunda Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 38

1 Jehová, no me reprendas en tu furor ni me castigues en tu ira.
2 Porque tus saetas penetraron en mí, y sobre mí ha caído tu mano.
3 Nada hay sano en mi carne a causa de tu ira; ni hay paz en mis huesos a causa de mi pecado.
4 Porque mis iniquidades han pasado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí.
5 Hieden y supuran mis llagas a causa de mi locura.
6 Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día,
7 porque mis lomos están llenos de ardor, y nada hay sano en mi carne.
8 Estoy debilitado y molido en gran manera; bramo a causa de la conmoción de mi corazón.
9 Señor, delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto.
10 Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor, y aun la misma luz de mis ojos no está conmigo.
11 Mis amigos y mis compañeros se mantienen apartados de mi plaga, y mis cercanos se mantienen lejos.
12 Y los que buscan mi alma arman lazos, y los que procuran mi mal hablan iniquidades y meditan fraudes todo el día.
13 Pero yo, como si fuera sordo, no oigo, y estoy como un mudo que no abre su boca.
14 Soy, pues, como un hombre que no oye y en cuya boca no hay reprensiones.
15 Porque en ti, oh Jehová, he esperado; tú responderás, Jehová, Dios mío.
16 Porque dije: No se alegren de mí; cuando mi pie resbalaba, sobre mí se engrandecían.
17 Porque yo estoy a punto de caer, y mi dolor está delante de mí continuamente.
18 Por tanto, declararé mi iniquidad, me contristaré por mi pecado.
19 Pero mis enemigos están vivos y fuertes, y se han aumentado los que me aborrecen sin causa;
20 y pagando mal por bien me son contrarios, por seguir yo lo bueno.
21 No me desampares, oh Jehová; Dios mío, no te alejes de mí.
22 Apresúrate a ayudarme, oh Señor, salvación mía.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 39

1 Yo dije: Atenderé a mis caminos para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío esté delante de mí.
2 Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo bueno, y se agravó mi dolor.
3 Se enardeció mi corazón dentro de mí; en mi meditación se encendió fuego, y así proferí con mi lengua:
4 Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy.
5 He aquí, como la largura de unos palmos hiciste mis días, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive Selah.
6 Ciertamente en tinieblas anda el hombre; ciertamente en vano se inquieta; amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.
7 Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti.
8 Líbrame de todas mis rebeliones; no me pongas por escarnio del insensato.
9 Enmudecí, no abrí mi boca, porque tú lo hiciste.
10 Quita de sobre mí tu plaga; por la hostilidad de tu mano yo estoy consumido.
11 Con castigos por la iniquidad corriges al hombre, y haces que se consuma, como la polilla, su deseo; ciertamente vanidad es todo hombre Selah.
12 Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor, no calles ante mis lágrimas; porque yo soy peregrino para contigo y advenedizo, como todos mis padres.
13 Déjame, y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 40

1 Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor;
2 y me sacó del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso, y puso mis pies sobre peña, y afirmó mis pasos.
3 Puso luego en mi boca canción nueva, alabanza a nuestro Dios Verán esto muchos y temerán, y confiarán en Jehová.
4 Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, y no mira a los soberbios ni a los que se desvían tras la mentira.
5 Has aumentado tú, oh Jehová Dios mío, tus maravillas y tus pensamientos para con nosotros; no es posible contarlos ante ti; si yo los anunciare y hablare de ellos, son demasiados para ser enumerados.
6 Sacrificio y ofrenda no te agradan; has abierto mis oídos; holocausto y expiación por el pecado no has demandado.
7 Entonces dije: He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí;
8 el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mis entrañas.
9 He anunciado justicia en la gran congregación; he aquí, no refrené mis labios, Jehová, tú lo sabes.
10 No encubrí tu justicia dentro de mi corazón; tu fidelidad y tu salvación he proclamado; no oculté tu misericordia y tu verdad en la gran congregación.
11 Tú, Jehová, no apartes de mí tus misericordias; tu misericordia y tu verdad me guarden siempre.
12 Porque me han cercado males sin número; me han alcanzado mis iniquidades y no puedo levantar la vista; se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón desfallece.
13 Quieras, oh Jehová, librarme; Jehová, apresúrate a socorrerme.
14 Sean avergonzados y confundidos a una los que buscan mi vida para cortarla; sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal desean.
15 Sean asolados en pago de su afrenta los que me dicen: ¡Ea, ea!
16 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: Jehová sea ensalzado.
17 Aunque yo esté afligido y necesitado, Jehová pensará en mí Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Job 10

1 Mi alma está hastiada de mi vida; soltaré mi queja sobre mí, hablaré con amargura de mi alma.
2 Diré a Dios: No me condenes; hazme entender por qué pleiteas conmigo.
3 ¿Te parece bien que oprimas, que deseches la obra de tus manos y que favorezcas el consejo de los impíos?
4 ¿Tienes tú ojos de carne? ¿Ves tú como ve el hombre?
5 ¿tus días como los días del hombre? ¿tus años como los días humanos,
6 para que inquieras mi iniquidad y busques mi pecado,
7 aunque tú sabes que no soy impío, y que no hay quien libre de tu mano?
8 Tus manos me formaron e hicieron mi contorno, ¿y así me deshaces?
9 Acuérdate ahora que como a barro me diste forma, ¿y en polvo me has de volver?
10 ¿No me vertiste como leche, y como queso me cuajaste?
11 Me vestiste de piel y carne, y me tejiste de huesos y tendones.
12 Vida y misericordia me concediste, y tu providencia guardó mi espíritu.
13 Y estas cosas tienes guardadas en tu corazón; yo sé que esto está contigo.
14 Si he pecado, tú me has observado, y no me absolverás de mi iniquidad.
15 Si soy malo, ¡ay de mí! Y si soy justo, no levantaré mi cabeza, estando harto de deshonra y de verme afligido.
16 Y si mi cabeza se alza, me cazas como a león, y vuelves a hacer contra mí maravillas.
17 Renuevas contra mí tus testigos, y aumentas conmigo tu furor como tropas de relevo contra mí.
18 ¿Por qué me sacaste de la matriz? Hubiera yo expirado y ningún ojo me habría visto;
19 fuera como si nunca hubiera existido, llevado desde el vientre a la sepultura.
20 ¿No son pocos mis días? Cesa, pues, y déjame, para que tome un poco de fuerzas,
21 antes que vaya, para no volver, a la tierra de tinieblas y de sombra de muerte;
22 tierra de oscuridad, como tenebrosa sombra de muerte, sin orden, que resplandece como las mismas tinieblas.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Marcos 9

1 También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios que ha venido con poder.
2 Y seis días después, Jesús tomó a Pedro y a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte, solos, a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos.
3 Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve; tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.
4 Y se les apareció Elías con Moisés, y estaban hablando con Jesús.
5 Entonces, respondiendo, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es que nos quedemos aquí, y hagamos tres cabañas: una para ti, y otra para Moisés, y otra para Elías;
6 pues no sabía lo que hablaba, porque estaban espantados.
7 Y vino una nube que los cubrió con su sombra, y salió de la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.
8 Y de repente, cuando miraron alrededor, ya no vieron a nadie consigo, sino a Jesús solo.
9 Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijeran lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado de los muertos.
10 Y mantuvieron entre sí esta palabra, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos.
11 Y le preguntaron diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?
12 Y respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad, al venir primero, restituirá todas las cosas; y como está escrito del Hijo del hombre, que debe padecer mucho y ser tenido en nada.
13 Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.
14 Y cuando llegó a los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y unos escribas que disputaban con ellos.
15 Y al verlo, en seguida toda la gente se asombró, y corriendo a él, lo saludaron.
16 Y preguntó a los escribas: ¿Qué disputáis con ellos?
17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo,
18 el cual, dondequiera que lo toma, lo derriba; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echaran fuera, y no pudieron.
19 Y respondiendo él, le dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.
20 Y se lo trajeron; y cuando lo vio, al instante el espíritu lo convulsionó; y cayendo en tierra, se revolcaba, echando espumarajos.
21 Y Jesús preguntó a su padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño;
22 y muchas veces lo echa en el fuego y en el agua para matarlo; pero, si puedes hacer algo, ayúdanos, teniendo compasión de nosotros.
23 Y Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
24 E inmediatamente el padre del muchacho dijo, clamando con lágrimas: Creo, Señor; ayuda mi incredulidad.
25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando: Sal de él y no entres más en él.
26 Entonces el espíritu, clamando y convulsionándolo mucho, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.
27 Mas Jesús, tomándolo de la mano, lo enderezó; y se levantó.
28 Y cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no lo pudimos echar fuera?
29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.
30 Y habiendo salido de allí, pasaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiera.
31 Enseñaba, pues, a sus discípulos y les decía: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres, y lo matarán; después de ser muerto él, resucitará al tercer día.
32 Mas ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.
33 Y llegó a Capernaúm; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?
34 Mas ellos callaron, porque habían disputado en el camino entre ellos quién había de ser el mayor.
35 Entonces, sentándose, llamó a los doce y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.
36 Y tomando a un niño, lo puso en medio de ellos; y tomándolo en sus brazos, les dijo:
37 El que recibe en mi nombre a uno de tales niños, a mí me recibe; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió.
38 Y Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos sigue.
39 Y Jesús dijo: No se lo prohibáis, porque ninguno hay que haga un milagro en mi nombre que luego pueda hablar mal de mí.
40 Porque el que no está contra nosotros, por nosotros está.
41 Porque cualquiera que os dé un vaso de agua en mi nombre, por cuanto sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.
42 Y cualquiera que escandalice a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atara una piedra de molino al cuello y se le echara al mar.
43 Y si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo las dos manos ir al infierno, al fuego que nunca se apagará;
44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar en la vida cojo, que teniendo los dos pies ser echado en el infierno, al fuego que nunca se apagará;
46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al fuego del infierno;
48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
49 Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.
50 Buena es la sal; mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la sazonaréis? Tened en vosotros mismos sal, y tened paz los unos con los otros.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Dios, fortaleza de todos los que ponen su confianza en ti: Acepta misericordiosamente nuestras oraciones, y dado que por la debilidad de nuestra naturaleza mortal no podemos hacer ninguna cosa buena sin ti, concédenos la ayuda de tu gracia, para que guardando tus mandamientos te agrademos, tanto en voluntad como en obra, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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